¿Qué es la belleza,
sino el atardecer en tus ojos,
las manos calientes de un día frío,
ver las cimas de los árboles
y sus inmensas ramas?
Admirar la luna a través de la ventana,
ver las estrellas heladas y lejanas
de una noche sin fin.
Cerrar los ojos y respirar profundo,
mientras el aire sacude tu pelo y tu corazón.
Cuando tu piel se pega a la mía
y la tierra se enciende.
¿Qué es la belleza,
si no reír bajo la lupa de la incoherencia,
de la simple confidencia,
de las miradas amables,
de los días de invierno?
Cuando los montes palidecen
y las calles se oscurecen,
cuando el tiempo se congela
en un eterno momento.
¿Qué es la belleza,
sino el atardecer dormido en tus ojos,
las manos que arden en un día de despojos,
el calor que vence al frío silencioso?
Las cimas altas de los árboles abiertos,
sus ramas grandes tocando lo incierto,
la luna quieta al borde de la ventana,
y estrellas frías velando la madrugada.
Cerrar los ojos, respirar profundo,
sentir que el aire estremece el mundo,
que agita tu pelo, que enciende el corazón,
como un temblor secreto bajo la razón.
Cuando tu piel se acerca hasta la mía
y la tierra despierta en su osadía.
¿Qué es la belleza,
si no reír bajo la dulce incoherencia,
bajo la luz temblorosa de la confidencia,
en miradas sinceras, sin defensa?
En los días lentos del crudo invierno,
cuando el monte se vuelve pálido y eterno,
cuando las calles callan su voz
y el tiempo se congela entre tú y yo.