Hay
Hay momentos donde sin esperar se enciende una llama.
Este blog nace con el interés de plasmar mis ideas y conocimientos sobre diferentes temas como política, poesía, educación, filosofía, entre otros.
Hay momentos donde sin esperar se enciende una llama.
Mirarte y recibir la gratitud del instante.
Los arboles y el viento.
Veo tu rostro a lo lejos.
Dos ojos inquietos piden ser observados.Tu cuerpo, quieto,
esbelto y callado,
como la nieve fresca del invierno
o las primeras flores de la primavera.Labios húmedos y rojos como la frambuesa,
como flores vivas en el campo abierto.Brillas en medio de la luz,
y tus ojos pálidos
resplandecen en la fría soledad
del cielo despejado.He reído.
He bailado.
Sé que vivir será bailar con la noche
y morir como la nieve:
quieta, lenta y silenciosa.
Cuando la tranquila ncohe se convierte en fria y calida.
Temporaneidad como las aves grises.
Cuando sonries por la continua obligacion.
Como mirando a un amanecer imaginario.
Donde hay gente imaginaria riendo y jugando.
Cuando el frio mar se hace oscuro.
Y las aves pierden su vuelo en el profundo horizonte.
Y su anochecer infinito.
Al final de la noche,
La noche ha caído,
y con ella mi amor se resbaló
en el oasis de tu amor.
Habías sido la miel
con la que endulzaba mis días,
pero resultaste ser el ají
que terminó quemando mis noches.
He descendido de las nubes altas.
Me he sumergido en el éxtasis
de los bosques y los ríos.
He viajado por cordilleras y páramos.
He bailado en el sentir de la luna.
Y mis ojos aún recuerdan
el cálido lago,
y tu mano
en el regazo tenue del mediodía.
He perdido la calma.
Hay días donde la tarde se aliviana.
Y otros donde llorar no sana.
Cuando las nubes no paran de llorar.
Y las tardes buscan el lamento de la noche.
En un mundo donde los gustos son muchos,
tantos como las cosas y las personas,
vivir bajo la mirada ciega
y los ojos sordos
es no ver a través de la ventana.
Es enterarse solo del reflejo del espejo,
de la imagen que devuelve su propia mirada,
recibir el sol para uno mismo
y tapar con un dedo
la luz que cae en la mañana.
Negar el brillo cálido de los bosques,
el frío hondo de los ríos,
las arenas ásperas
y su ardiente sentir.
No te niegues a mirar a través de la ventana:
hay mundos que existen
solo para quien se atreve a ver,
y redescubrir en su mirada.
¿Qué es la belleza,
sino el atardecer en tus ojos,
las manos calientes de un día frío,
ver las cimas de los árboles
y sus inmensas ramas?
Admirar la luna a través de la ventana,
ver las estrellas heladas y lejanas
de una noche sin fin.
Cerrar los ojos y respirar profundo,
mientras el aire sacude tu pelo y tu corazón.
Cuando tu piel se pega a la mía
y la tierra se enciende.
¿Qué es la belleza,
si no reír bajo la lupa de la incoherencia,
de la simple confidencia,
de las miradas amables,
de los días de invierno?
Cuando los montes palidecen
y las calles se oscurecen,
cuando el tiempo se congela
en un eterno momento.
¿Qué es la belleza,
sino el atardecer dormido en tus ojos,
las manos que arden en un día de despojos,
el calor que vence al frío silencioso?
Las cimas altas de los árboles abiertos,
sus ramas grandes tocando lo incierto,
la luna quieta al borde de la ventana,
y estrellas frías velando la madrugada.
Cerrar los ojos, respirar profundo,
sentir que el aire estremece el mundo,
que agita tu pelo, que enciende el corazón,
como un temblor secreto bajo la razón.
Cuando tu piel se acerca hasta la mía
y la tierra despierta en su osadía.
¿Qué es la belleza,
si no reír bajo la dulce incoherencia,
bajo la luz temblorosa de la confidencia,
en miradas sinceras, sin defensa?
En los días lentos del crudo invierno,
cuando el monte se vuelve pálido y eterno,
cuando las calles callan su voz
y el tiempo se congela entre tú y yo.
Cuando tus sentidos dejan de responder
y tu piel cálida cae ante la fría soledad,
cuando las alas pierden su vuelo
y las piernas dejan de sostenerte.
¡No llores!
Vivir no es eso.
Vivir es la maña del cielo claro,
de los árboles que se sacuden,
y de las miradas de gentes
que se pierden en su propio cielo,
en sus cálidas mejillas
y manos frías,
en tardes silenciosas
y noches de susurros y muerte