Pálidas Mejillas
Puse un ojo en el parabrisas.
Está roto,
y ya no podríamos ver más allá.
Se cerró una ventana que nunca volveremos a mirar,
las que imaginamos y creamos,
solo imaginariamente.
Vivimos una vida con trapos y parabrisas rotos,
que tapan la vista
y no dejan ver quién realmente somos.
Navegamos fríos ante una necesidad espectante:
un aparente sueño,
un aparente miedo.
Pasa el tren,
ese tren que no te deja vivir.
Al fin podrás ver las mariposas y los árboles,
sentir el aire cálido en tu pecho,
y el sol caer sobre tus pálidas mejillas.


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